R e v a l
Revista de humanidades y su enseñanza
ISSN 1579-6884

Reval es una revista abierta a los profesionales de la enseñanza de las humanidades en cualquiera de sus disciplinas y a todas las personas interesadas en estos ámbitos que pretende ser un medio de colaboración inmediato y accesible para todos.

Abrir enlaces
Ventana nueva
Primera época
Enlaces
© El copyright de los artículos pertenece a sus autores. Pueden ser enlazados o reproducidos electrónicamente para fines docentes, sin alteraciones e indicando su procedencia. Para su reproducción en publicaciones impresas, debe solicitarse la correspondiente autorización a los autores.

Diseño según Walter Kobylanski

Blogalia
Blogalia
Inicio > Documentos > Miscelanea

Ciencia (Semiótica) más Estilística (Resurrección del Autor y Resurrección de la Historia) y Nueva Crítica


Erasto Antonio Espino Barahona: "Panamá en la memoria de los mares" o La escritura de la identidad.
Panamá. PM Editores, 2003.

Reseña de María Roof
Universidad de Howard
Washington DC (EE.UU.)
mroof@fac.howard.edu



Este importante texto, además que constituir un logrado análisis del poemario de un prestigioso poeta panameño, modela un método crítico desarrollado para la narrativa y por primera vez ensayado para abordar la poesía. Desde las culturas híbridas se replantea la utilidad del eurocéntrico estructuralismo y la primera semiótica mediante una corrección basada en la Estilística hispana.

Los métodos de análisis crítico desarrollados a partir de Bühler, Barthes y Habermas enfocan la intencionalidad del autor de comunicarse con un Otro. De ahí, dos postulados claves, si el poema es un artefacto discursivo dialógico: (1) el texto codifica esa intencionalidad que quedaría descifrable y que, por formar parte del discurso, habría de tomarse en cuenta -la poesía no como producto “automático” de la subconciencia, sino producto de una labor artística consciente en su modalización del texto; y (2) la naturaleza intersubjetiva del discurso implica un Lector Modelo, proyectado por el autor durante el acto creativo, embarcado en un proceso lectivo que genera sentido, capaz de co-crear el significado de los signos cifrados, es decir, un Lector equipado con una “Enciclopedia” apropiada, abarcadora de los conocimientos/saberes contextuales de índole y profundidad suficientes para participar en la creación de sentidos.

Con este exhaustivo estudio del poemario y su compaginación con posibles referentes empíricos extratextuales (el texto poético original completo, felizmente incluido como anexo, ocupa unas diez páginas, el estudio, más de 200), demuestra Erasto Antonio Espino Barahona que la Enciclopedia que maneja ese Lector Modelo ha de incluir conocimientos detallados de la historia de Panamá. ¿Qué hay del supuesto lector universal postulado por otras poesías en otros tiempos? La riqueza de este estudio sugiere la superficialidad de lecturas que omitieran los hechos concretos y las emociones patrióticas, identitarias manifiestas en el pueblo panameño y explayadas en el poemario. Lejos de producir el frío análisis de un texto poético, y sin duda como acto más urgente dentro de ciertos contextos globalizantes, Espino Barahona propone la reinserción del Autor y de la Historia en un nuevo acercamiento crítico que no busca separarse de otros discursos y procesos, sino constituir “un acto de responsabilidad personal y social, si la crítica literaria es -como pienso- una praxis discursiva necesaria”, ya que este estudio propone ser “un aporte a la hora actual del país” (24).

Con Panamá en la memoria de los mares Manuel Orestes Nieto (1951) recibió el segundo de sus cuatro reconocimientos oficiales mediante el máximo galardón literario de Panamá, el Premio Nacional de Literatura “Ricardo Miró” (1972, 1983, 1996, 2002). Los datos biográficos incluidos como anexo al estudio señalan sus otras distinciones dentro y fuera del país, su labor como propulsor de la cultura en Panamá y como diplomático en Cuba y en la Nicaragua sandinista y la traducción de sus obras al inglés, portugués, búlgaro, checo, servocroato y ruso (curiosamente ausentes: el francés, el alemán y otras lenguas europeas…). Sus premios literarios recientes (1999, 2000, 2002) confirman la cálida “recepción que recibe su producción en la actualidad” (239). La selección de este poeta y de esta obra por Espino Barahona es “atinada”, como apunta la catedrática Isabel Barragán de Turner (de la Academia Panameña de la Lengua) en el valioso prólogo al texto, porque “Manuel Orestes Nieto es uno de nuestros poetas vigentes más sobresalientes y el poemario escogido es una muestra ejemplar de poesía comprometida y de poesía cimera en la elaboración de sus claves artísticas” (11).

Erasto Antonio Espino Barahona es un joven panameño amante de las letras, egresado del Seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo, con preparación en Filosofía, Filología y Semiótica. Es Profesor del Programa de Estudios Generales y del Postgrado de Estudios Eticos de la Universidad Católica Santa María La Antigua en Panamá, y Profesor de Lecturas Selectas en la Facultad de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana (Colombia). Un aspecto llamativo de su estudio es la narración de su propia persecución como crítico literario de “una hermeneusis que permita efectuar en el plano de la contingencia, de la lectura concreta, una interpretación lo más cercana a aquella de ese lector pretendido autoralmente durante la sincronía de la producción del texto” (18).

Para crear la lectura semiótica y contextual “prevista por el autor (real)”, Espino Barahona adopta el Método o Modelo habermasiano de la producción de sentido del discurso narrativo, atribuido a Luis Alfonso Ramírez Peña del Instituto Caro y Cuervo, modificándolo porque “en el texto poético, dado su carácter de discursividad marcada, evidentemente modalizada por su sujeto productor, importa menos el tópico del cual se habla (representación) que la expresión de la subjetividad hablante (connotación)” (29); “en el discurso poético, los niveles de sentido están fuertemente imbricados por la connotacion” (40). De ahí, el uso de los métodos instrumentarios de la Estilística para captar “la subjetividad de la enunciación” (30), elección defendida al considerar que “son precisamente los estudios sobre la enunciación y el sujeto textual el tópico interdisciplinar común de estilistas, lingüistas y semiólogos”, y al citar a Alicia Yllera, quien “detecta en la última Estilística (A. Alonso), ‘muchos de los conceptos que animan la semiótica moderna’” (30).

Manuel Orestes Nieto expresó en una entrevista con el crítico (incluido como anexo) se asombro de que Espino Barahona “pudiese abrir los cofres de claves intertextuales, de señas secretas, que desposité a lo largo del texto. Su intuición hacía explítico lo implícito; hacía alusión a hechos históricos encontrados en una lectura que no se imponía ni forzaba la realidad” (235). El poeta valora esta “crítica desde dentro de la obra” como la primera vez que una obra suya “estuvo en manos de un análisis crítico serio, no en la superficie del comentario o la reseña, de las frases hechas para el elogio o la demolición” (237).

La exégesis establece dos campos semánticos del texto: la historia y la naturaleza del Istmo de Panamá (36). El análisis pormenorizado de cada uno de los veinte cantos del poemario -un “análisis microtextual en filigrana” (57) y una “lectura tabular” (58) según su autor- define como “isotopía global” de Panamá en la memoria de los mares la identidad e independencia del Istimo. Mediante “una lograda discursivización estética de la historia patria” (54), el poeta codifica una lectura de la realidad panameña que el lector captará sólo si maneja la Enciclopedia particular del proceso histórico del Istmo, sus canciones y la etimología del nombre “Panamá”, por ejemplo. Espino Barahona examina casi cada palabra del poemario, cada preposición en particular, recurre a manuales de gramática para resaltar la importancia de un tiempo verbal específico, baraja las posibles implicaciones de la selección de cierta palabra y no otra y percibe la “suspensión de ciertos saberes cartográficos y biológicos” para leer en el poemario la deslegitimación de los “esfuerzos técnico-científicos (¿foráneos?) que han tratado de ‘explicar’ el país” (71). Arraiga muchas de sus lecturas específicas en referentes históricos poco conocidos como, por ejemplo, las costumbres de las ferias de Portobelo, puerto de embarcación del oro sudamericano para España y por ello objeto de continuo hostigamiento por los piratas ingleses (Drake, Morgan, et al.), las malas palabras usadas por los españoles coloniales, paralelos gramaticales con Las alturas de Machu Picchu de Neruda para enaltecer al oprimido, escritos de los próceres durante el proceso de separación del Istmo de Colombia, las luchas callejeras contra la usurpación por los Estados Unidos de la soberanía nacional, textos y “pre-textos” literarios y políticos contemporáneos y anteriores a la producción del discurso poético, las declaraciones del poeta y su activismo político de apoyo al líder de Panamá de 1968-1978, Omar Torrijos, “mitificado” en el poemario como expresión de una fuerza nacional liberadora, de la patria considerada no una entidad etérea, sino “‘un complejo cultural’, un cuerpo o sujeto transindividual” (168-69), no fijo en el espacio, sino en constante proceso de construcción, condicionada por la particular naturaleza y la geografía istmeñas que no sirven como simple escenario para la acción histórica, sino que la condicionan (202-203).

El epílogo del análisis prosigue el cándido “autocuestionamiento” presente a lo largo del metadiscurso crítico, lleno de comentarios sobre sus postulados, premisas e hipótesis en la producción de la interpretación y sobre los valores humanos que los sostienen. Esta actitud “humilde” del investigador que desnuda su aparato instrumentario y presenta “tareas para el futuro” como primer capítulo del texto, apoyado en la amplia bibliografía que reúne textos de semiótica, teoría y crítica literaria (muchos de ellos publicaciones recientes de Madrid y Barcelona), lingüística, gramática, teoría y análisis del discurso, filosofía, ciencias sociales, filología y la historia, literatura y cultura panameñas, establece, sin embargo, la legitimidad de la lectura del poemario “cuya interpretación o efecto de sentido sea la recuperación ‘de la memoria colectiva del pueblo panameño’” (201). El poemario rechaza “las patologías de la Modernidad” -la degradación de la convivencia, el imperialismo, el avasallamiento de la Naturaleza (204)- pero no la Modernidad en sí: “La Modernidad del poemario no es, claro está, un proyecto eurocéntrico e impuesto desde fuera. Es un proyecto que se sabe latinoamericano, pero inserto en lo universal, según la más pura tradición Martiana, ya que no desdice de unas tradiciones e instituciones históricas que –vía nuestra occidentalidad- nos conectan con la mundialidad del orbe” (206). Este excelente estudio marca un hito en la evolución de la crítica contemporánea comprometida en la producción de sentido de los discursos poéticos.